[Reto: Un año, un anime] Kill la Kill - Año 2013

martes, 4 de agosto de 2026


Y llegamos al 2013. Un año muy especial para mí, pues fue cuando comencé a ver anime semanal (con vergüenza admitiré que los primeros que seguía fueron Free! Y Brothers Conflict). Además, año fundamental para el anime, porque se estrenó el título que marcaría un antes y un después para el medio en esta década: Attack on Titan. Pero también hay otra obra significativa de aquel tiempo, la que compete a esta entrada. Aquí hablaré sobre Kill la Kill y lo que creo que, intencionalmente o no, representó un resurgir para la industria del anime. 

Primero, vamos por lo clásico y seguro: ¿por qué Kill la Kill? En este reto ya hemos pasado por varios géneros. Visto de todo un poquito. Hay uno que se me estaba escapando hasta ahora, adrede de hecho. Y ese género es el ecchi. ¿Es Kill la Kill un ecchi en toda regla? Sí, pero no. 

Como sabrán, el género ecchi tiene la tendencia de ser, palabras más, palabras menos, bastante rancio. Sexualiza a diestra y siniestra a sus personajes, además que no ofrece mucha trama. No es algo que activamente busque y me guste. Y si he visto alguna serie con él, ha sido más como un elemento puntual o complementario; no el principal. Algo como Shokugeki no Souma, por ejemplo. Ahora, Kill la Kill le da la vuelta al ecchi y de hecho lo usa como parte fundamental de su historia. Pero no me adelantaré. 

Otro factor para escoger a Kill la Kill es que formaba parte de mis "eternos pendientes". Incluso, confieso que no es primera vez que intentaba ver la serie. En su momento intenté verla pero el nudismo me incomodó. Luego, cuando mi mejor amigo finalmente entró al mundillo del anime y manga, vio Kill la Kill como parte de sus primeros pinitos. Y me lo recomendó, por supuesto. Hice un segundo intento y pues, consumida de lleno en la rutina de seguimiento del mundo del anime semanal años más tarde, no avancé mucho más del quinto o sexto episodio. 

Así que henos aquí, 13 años después desde su estreno original. Deseosa de tener a Kill la Kill en mi lista para entender qué le veían muchos otros, decidí verlo una vez más, finalmente triunfando en el visionado al 100%. Ojo, no es que no hubiera otros candidatos, incluso había unos más breves, pero sentí que si no lo hacía por el reto, lo seguiría postergando. Tal vez rudo pero realista por mi parte. 


Kill la Kill fue uno de los estrenos más anticipados del otoño de 2013. Es el anime debut/primogénito del ahora ya conocido estudio Trigger, cuyos fundadores pertenecieron al antiguo Gainax. Adicionalmente, los creadores de Kill la Kill fueron los mismos de Tengen Toppa Gurren Laggan, el cual no he visto todavía y por ende no poseo ningún apego previo al trabajo del dúo compuesto por Hiroyuki Imaishi (director) y Kazuki Nakashima (escritor). Esto último me permitió aproximarme a Kill la Kill (por 3era vez, ok, pero hagamos de cuenta que era un primer encuentro) con una visión abierta a lo que me pudiera encontrar. Nada de sesgos, sólo apertura frente a lo que la obra tiene para ofrecer por sí misma. 

Y hay algo en particular que se me vino a la mente mientras veía Kill la Kill. El anime -y me refiero al anime como medio en general- se mueve entre dos extremos o espectros: las tramas son o absolutamente absurdas y ridículas, o son algo denso, complejo y duro de roer. Por supuesto, hay títulos que no caen en uno de los lados por completo, sino que los equilibran o permanecen en un centro. Yo diría que Kill la Kill se aproxima más a ese lado absurdo, pero decir que no tiene complejidad y es una mera parodia no sería del todo acertado tampoco. 

La historia de Kill la Kill sigue a Ryuuko Matoi, una estudiante rebelde de 17 años que busca al asesino de su padre para poder vengarse. Lo único que tiene como pista fue una espada en forma de hoja de tijera creada por su propio padre, pero eso no la detiene en su propósito. Así, llega a la academia Honnouji, la cual está controlada por Satsuki Kiryuuin; una chica seria y refinada que ha instaurado un sistema jerárquico dentro de la institución (y la ciudad aledaña) basado en el poder de los uniformes Goku. Estos uniformes, elaborados con fibras vivas de combate, otorgan a su portador poderes extraordinarios. En la medida que más estrellas tenga un uniforme, mayor poder tendrá cada alumno. Cuando Ryuuko es derrotada la primera vez que entra a la academia, acaba herida en las ruinas del antiguo hogar de su padre. Su sangre termina por despertar a Senketsu, un uniforme especial hecho por el padre de Ryuuko exclusivamente para ella. Uniendo fuerzas, chica y uniforme deciden ir a descubrir la verdad tras el asesinato del Dr. Matoi de una vez por todas. 

Dicho todo esto uno pudiera preguntarse donde se encuentra el ecchi que mencioné en la introducción. La respuesta se encuentra en los uniformes con poderes que la trama nos introduce, más específicamente a las dos prendas divinas que poseen Ryuuko y Satsuki. La primera es Senketsu, mientras que la segunda es Junketsu. Las chicas utilizan ambos trajes a través de una secuencia propia de Chicas Mágicas, y cuando terminan de transformarse están -en líneas generales- vestidas con dos pedazos de tela cubriéndoles el cuerpo. Todo es bastante sugerente, al punto que nos dan a entender que para ambas hay que vencer el pudor y la vergüenza para portar las prendas. Y ya ahí comienza una línea temática importante abordada por la obra desde mi punto de vista. 


La ropa es un elemento que, más allá de cubrir una necesidad, se asocia con la identidad de los seres humanos. Ligado a ello, su uso implica también una libertad de expresión, o una posible asociación a una organización, religión o ideología. En el plano escolar el uso de un uniforme permite instaurar una igualdad entre los estudiantes, que no sólo indica una pertenencia a un plantel en concreto, sino que también otorgan cierta etiqueta y evitan que los alumnos puedan juzgar a otros por lo que llevan puesto (aunque a ver, la realidad es cruel y cuando alguien discriminará lo hará a como dé lugar, sea cual sea su ropa). 

La llegada de Ryuuko es una de vanguardia. Como viene del exterior irrumpe en una rutina particular y trata de romper con un estatus quo que ya existía. Por esto para mí no hay duda de que Kill la Kill es una serie profundamente antisistema. En otros lares creo que ya se ha analizado, con mayor precisión que la mía, que el sistema de Satsuki es uno que podría considerarse fascista/totalitarista, y que muchos diálogos iniciales se pueden comparar también con los del partido Nazi y otros movimientos políticos. Lo otro que no se puede negar es que la serie carga con mucha sátira de por medio. 

A pesar de tener un tema tan político y serio en medio de sus entrañas, Kill la Kill posee comedia, una con un sentido del humor bastante específico. Los chistes de KLK son muy visuales, y siguiendo el espíritu general de la serie, exagerados. Esto hace que algunos chistes caigan mejor dependiendo del momento. En mi experiencia hubo veces donde también se llegaron a repetir varios gags al punto de gastarlos, o el ritmo tan acelerado tanto de la historia como de los chistes hicieron que estos últimos perdieran su encanto. En más de una ocasión diría que sonreí con una que otra cosa, pero no llegué a reírme. Se sentía simpática y ya. 

Pero volviendo al nudismo y al ecchi; que justamente en un mundo dominado por la ropa la protagonista pelee semi desnuda habla de una clara rebelión. Por supuesto, eso también contribuye al fanservice, que no escatima en marcar siempre que puede las siluetas de las partes íntimas de la protagonista y su rival. Ahora bien, con KLK pasa algo curioso, y es que ese nudismo no es mero fanservice, sino que es parte de la trama. Derrotar a ese sistema implica que no tengas miedo a mostrarte vulnerable, a que ejerzas tu propia libertad y te muestres al mundo tal y como eres. Ojo, el tono histriónico es el que mejor define a Kill la Kill, y por eso mismo es posible no tomarlo en serio. Cosa que está bien. El tema es que uno también podría hacer lo contrario e igual conseguirse con un título entretenido y con algo para decir, aunque también bastante jalado por los pelos. 



KLK tiene dos mitades o arcos definidos, como muchos otros animes de 24 episodios. La primera mitad, si bien con sus elementos predecibles, me gustó mucho más que la segunda. En parte porque a mis ojos está mejor hilada, en parte porque la dinámica -aunque más básica- me gustó más. De paso, creo que la segunda mitad, que introduce a la mayor villana de la obra, se va un poco de las manos en su ciencia ficción. Ahí es cuando digo que el espectro principal de KLK en la escala del mundo anime es la del absurdo. 

Dije en mis primeras líneas que había un algo que representaba un resurgir de la industria con Kill la Kill. Procedo a explicarme mejor en este momento. Creo que, más allá de ser o no una deconstrucción de un típico anime de acción, Kill la Kill utiliza varios elementos propios de la idea estereotípica que tiene un anime clásico -de nuevo, me refiero al concepto de anime en general- y los voltea a su manera. 

En Kill la Kill la protagonista está representada constantemente por el color rojo, mientras que su rival encarna al azul. La primera es efusiva, extrovertida, impulsiva, violenta. La segunda es más seria, analítica, recatada. No pueden verse ni en pintura, pero eventualmente se complementan y hasta unen fuerzas. El diseño de personajes de la serie es excéntrico y estrafalario: ojos saltones, cabellos puntiagudos y de muchos colores, facciones exageradas. La sexualización y los personajes en ropa interior están allí cada cierto tiempo. En fin, que creo que una persona que no sabe NADA de anime o tiene una idea muy básica del medio pensaría que todos los animes son como Kill la Kill. Eso quiere decir que Kill la Kill es un anime de animes, lo cual hace que aunque no sea 100% de tu agrado lo que la serie es en sí misma, tenga su mérito. 

Encuentro poético que el primer anime de un estudio nuevo decida incluir tantos elementos que sean asociados a clásicos como Dragon Ball Z o Naruto, pero que en el proceso deja su propia estampa. Ya creo que hasta sueno repetitiva, pero lo cierto es que Kill la Kill se siente bastante único. Aun cuando recurra a tantas cosas que se pueden considerar cliché, no deja de ser algo muy genuino y diferente a otros títulos dentro del género de acción. Es una amalgama entre un conjunto de cosas que gustan a todo tipo de fanáticos también: hay transformaciones Mahou Shoujo, hay giros de tuerca, hay peleas, hay fanservice, hay ciencia ficción, hay misterio. Quizá su problema es que es todo y nada al mismo tiempo. Pero aún así es un resurgir, como dije arriba. Un resurgir para un trabajo querido para un grupo de personas que marcó pauta en Gainax, y a la vez fue un resurgir en su momento de estreno, porque creo que es un fiel representante de lo que el anime hizo en la década de los 2010's: tomar lo que hizo que tuviera un séquito leal y cariñoso, de nicho, y empezar a modernizarlo. A darle un toque de siglo XXI, a poner una insignia propia, y más importante aún, expandirlo a través de un estilo que también pudiera ser atractivo para los más acostumbrados a la animación occidental.


Bueno, creo que jugar con diseño y estilo de personajes se hizo antes, y varios casos se podrían explorar; pero como digo, Kill la Kill podría tomarse como una representación de todo ello. De paso que se estrenó en el mismo año de Attack on Titan, que insisto, comprende un fenómeno en sí mismo. 

Puedo aprovechar ahora para decir que la animación de KLK es muy vivaz. Acelerada y pertinente en lo que quiere conseguir. Mezcla el 3D y el 2D cuando debe de buena manera. Y hay unos planos que simplemente son hipnotizantes. En particular destaco aquellos que protagonizan los tacones de Satsuki y de su madre, Ragyou. El sonido de su impacto contra el suelo, mezclado con la música y la edición, hacen que sean de lo más memorable de la serie. Algo que Kill la Kill maneja mucho también es el cambio entre una animación más chibi y su animación estándar, pues con su cantidad de chistes, hace muchos cambios entre estos estilos a lo largo de todos los episodios, sobre todo con la familia Mankanshoku. 

En todo lo que va de entrada no he hablado mucho de los personajes, lo cual es sorprendente considerando que entre ellos se encuentra alguien como Mako, la mejor amiga de Ryuuko y su partner in crime. Ella es carisma y locura encarnada. En su momento de emisión recuerdo que a muuuuucha gente le encantaba Mako y no los culpo. Su nobleza y torpeza son encantadoras, aunque para otros puedan ser exasperantes. Al fin y al cabo es el alivio cómico de la obra. Pero creo que los propios creadores sabían que ella era el alma de la fiesta, y por eso hasta le dieron su propia secuencia en el segundo ending de la serie.

Ahora, si vuelvo a los principales, hay un trío fundamental: Ryuuko, Senketsu y Satsuki. En el caso de la primera, creo que hay un punto en el que su avance se estanca. Mucho de ella está ligado a descubrir quién asesinó a su padre, y cuando lo logra cae en la ira. Y se vuelve a caer en un bucle en la segunda mitad, cuando todo el enfoque de la serie deja de ser una venganza personal para ser una cruzada para salvar el mundo. Aquí también Ryuuko descubre cosas sobre sí misma, Senketsu y las fibras vivas de combate. Y una vez que lo hace pierde el control de sus emociones. No estoy diciendo que no haya conectado con ella en ningún nivel, pero su arco es algo difuso en mi opinión. Para el cierre del anime cerró dudas que tenía al inicio, sí, pero no sé del todo qué tanto cambio atraviesa. Con Satsuki no pienso lo mismo, de hecho creo que con ella las cosas son diferentes. Es más, diría que es probablemente la mejor desarrollada junto con Senketsu. Satsuki se presenta en un principio como una villana, pero luego vemos que es otra víctima de su madre, lo cual cambia mucho la perspectiva de ella mientras avanza la obra. Me gusta que representa una constancia y un temple de acero, además que no pierde tanto el control como Ryuuko, así que eso me agradó más de ella. 

En el caso de Senketsu, el uniforme no es sólo una prenda bastante útil, sino que tiene sentimientos. Poco a poco lo vemos encariñarse con Ryuuko, lo cual brinda un nivel de ternura en principio inesperado pero luego muy agradable. Y creo que su participación en la historia es redondita, cosa que siempre me gusta. 

Lo de los arcos difusos aplica a otros personajes. Voy hacer mención específica de Sanageyama, uno de los cuatro miembros de la élite de la Academia Honnouji. Y lo haré con spoilers, están avisados. Como uno de los cuatro más cercanos a Satsuki, Sanageyama tiene un uniforme especial y una backstory que lo acompaña. O sea, no es un secundario más del montón. El tema es que entre sus habilidades de espadachín nos dicen que depende mucho de su vista y no de sus otros sentidos. El resultado es que, eventualmente, él se cose los ojos. Al hacerlo, su desempeño mejora exponencialmente. Y esto, aunque en su momento lo encontré algo predecible, y hasta molesto porque en su diseño se veía mejor con los ojos abiertos, me pareció una decisión interesante e importante por parte del personaje... Al final de la serie vuelve a abrir los ojos. ¿Mejoró y cambió para bien? Sí. ¿Me incomoda que recobrara la vista? También. Y es que haberlos vuelto a abrir le quita peso al sacrificio, mi gente. Es como que "ah bueno, ya aprendió entonces puede tener sus ojitos de vuelta". No sé, no me convence. E insisto, desde mi yo más superficial les digo, me gustaba más con los ojos abiertos. Pero, ¿cuál fue el punto entonces?


La verdad es que los cuatro de la élite son de lo que más disfruté del elenco de Kill la Kill. Y por eso ese detalle con Sanageyama me dejó con sinsabor. Los otros 3, Gamagoori, Nonon e Inumuta, sí tuvieron un desarrollo más constante/continuo acorde. Me agradó que ellos se agrupaban en algún club o renglón propio de un centro de estudiantes colegial. Y es bonita su lealtad hacia Satsuki. Ellos son a ella lo que Mako es a Ryuuko, y por eso caen bien cuando todas las piezas empiezan a encajar en la segunda mitad. 

Y bueno, esa susodicha segunda mitad expande en una agrupación y dos personajes: Nudist Beach, Ragyou Kiryuuin y Nui Harime. La primera es un grupo creado por el padre de Ryuuko, y hay dos personajes que destacan dentro de él, Mikisuki y Tsumugu. Cada uno trata de representar aspectos de la propia organización, que como indica su nombre, apuesta por el nudismo e ir a contracorriente del imperio textil creado por las Kiryuuin. En el caso de Mikisuki, él demuestra ser una especie de voz de la razón, que explica poco a poco el motivo detrás de la creación de la agrupación y el objetivo del Dr. Matoi. Tsumugu es una visión más radical, porque las fibras vivas de combate le arrebataron a un ser querido. Por eso busca deshacerse de Senketsu de una vez en lugar de intentar colaborar primero. Conforme a vanza la historia, Ryuuko poco a poco los apoya para salvar el mundo. Si Satsuki tiene a los cuatro de élite, Ryuuko tiene a Nudist Beach, básicamente. Quisiera decir más, pero son personajes que a medida que avanza la historia, más refuerzan su condición de apoyo. 

Mientras, Ragyou es la villana principal de la obra, como ya llegué a decir en algún punto más arriba. Esta mujer está LOCA. Me perturbó bastante porque no respeta el espacio personal de su hija e incluso abusa de ella (física, sexual y emocionalmente). Ragyou quiere controlar todo el mundo y entregarlo a la merced de las fibras vivas de combate. En el proceso me llamó la atención que comentó que la ropa podía ser considerada pecado, lo cual me tomó muy desprevenida. ¿Una especie de planteamiento religioso en esta serie a través de un personaje como ella? Raro. Igual les digo que no lleva a nada, pero mínimo te puede hacer pensar, y sin importar cuál sea la conclusión, eso es valioso en sí mismo. Ahora bien, de Ragyou debo comentar par de cosas más. La primera, su voz es realizada por la mismísima Romi Park, ¡la voz de Edward Elric! Y el trabajo de esta mujer es una maravilla. Impone demasiada presencia, algo que también hace su música. La pieza que acompaña a Ragyou y todas sus entradas es mi favorita de la serie, pero no es la única buena. Es una canción con letra en alemán, pero no suena para nada en alemán porque bueno, pronunciación japonesa, ya saben. Igual volveré sobre este punto en breve. Y por último debo decir que es una villana que se siente más caricaturesca de lo normal. Es interesante lo que saca de Ryuuko y Satsuki por separado, su influencia en ambas y de lo más destacado de sus interacciones. 

Y, finalmente, Nui Harime es la loca #2. No me gusta mucho su personaje, más allá de la personalidad. Es una villana menor, asociada a Ragyou, que cobra mayor fuerza terminando la primera mitad de la serie. Creo que lo que valoro de ella es que representa la otra mitad de la hoja tijera de Ryuuko desde un sentido tanto literal como figurado. Es como la otra cara de la moneda, sin control, sin consecuencias, sin red de apoyo. En el fondo creo que tampoco me gusta porque me parece una especie de salida "fácil" a uno de los primeros puntos importantes de la trama. Y sí, la personalidad también hace mucho. Es irritante. 

Dicho esto, vuelvo a la música, que viene a ser uno de los últimos puntos de los que me gustaría comentar. Hay un par de piezas del OST que me parecen muy memorables en Kill la Kill. Hiroyuki Sawano se lució. Una es Blumenkranz, que es la música de Ragyou, que ya mencioné par de líneas atrás. La otra es Before My Body is Dry, que suena casi sin falta en toda escena épica de acción de la serie. Suena instrumental o con su letra, dependiendo de la ocasión. Buscano ambas canciones para anexarlas a la entrada, me entero que la letra de BMBD narra la relación de Ryuuko y Senketsu, cosa que me parece un muy lindo detalle.

Les dejo a continuación ambas piezas musicales, que se caracterizan por ser muy enérgicas y movidas. Un rock que te emociona por lo que sucederá a continuación. 


Blumenkranz


Before My Body is Dry

Voy a dejar también el primer opening, Sirius, el cual creo que ya tiene estatus de clásico. En su estreno recuerdo que le sacaron varios covers, y su estilo encierra mucho de lo que Kill la Kill es. ¿Lo más loco? Se hace muy nostálgico cuando lo ves/escuchas. Una gran hazaña. 


Sirius - Eir Aoi

Entonces, le he echado en su mayor parte muchísimas flores a Kill la Kill. Creo que se las merece. Digo, hay gente que lo llama Peak la Peak, y algo de razón tienen. Pero, si soy muy honesta, tengo mis reservas. Son pocas pero significativas. Al final soy sujeto, persona, y siento que hay algunos momentos donde Kill la Kill se extendió sin mucha necesidad (esto sobre todo en los episodios del asalto a la región de Kansai). ¿Creo que la serie podía hacer lo mismo que hizo en menos tiempo/capítulos? Pues, sí. Sobre todo porque hay una variación de tono y ritmo a lo largo de la serie, que a ratos funciona y en otros se siente raro. Algo que Kill la Kill dice que hace, directamente, es que su ritmo es rápido. Y mentira, del todo, no es. Todo pasa aceleradamente y no hay espacio para repetir o resumir lo que vemos. Y bueno, sentí que a veces eso le jugó un poco en contra. Aun así, no falla en ser entretenido. 

En general, Kill la Kill es un título bastante recomendable. Un seinen en traje de shonen, con sus detalles y elementos cuestionables, pero una serie que buscó salirse de la norma a través de ellas. Incluso si no sea lo tuyo, vale la pena darle una oportunidad por lo que representó. Además, en varios aspectos también es un coming of age, uno raro, pero coming of age al fin y al cabo. 

Por lo tanto, después de comer unas croquetas con los Mankanshoku y tomar un té con Satsuki, "califico" a Kill la Kill de: 

Nivel de agrado: 🍂🍂🍂 (3/5 = Me gustó)


Bien, eso es todo por esta oportunidad. ¿Ustedes han visto Kill la Kill? Si es así, ¿les gustó?

Ha pasado mucho desde mi última entrada, y no saben cuánta agua ha pasado bajo el puente... He avanzado con visionados para el reto en el ínterin, aunque me he quedado un poco corta con la escritura y actualización del blog. 

or ahora, sepan que estoy bien, y al momento de publicar esta entrada, de vacaciones. Intentaré seguir avanzando en esto a otro ritmo, a ver si logramos acabar el reto este año (o no, jajaja). 

¡Hasta el próximo vuelo!

Tsubame

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